Prácticamente ya estoy asentado en Varsovia, a falta de pulir algunos detalles del tipo transportes, clases y vida nocturna. Mañana tendremos una reunión para los alumnos extranjeros que hemos llegado a la Universidad de Varsovia pero hasta entonces ya he tenido tiempo de descubrir bastantes cosas de la ciudad con la ayuda de Bárbara y la compañía de Joaquín, quien también va a estudiar en Varsovia y viaja desde Murcia conmigo, con él además tendré la oportunidad de compartir residencia, fiestas, viajes, etc.
Ya en el avión empezaron mis temores al tener el primer contacto con la nueva moneda, ¿por qué pago en Euros y me devuelven en Zloty (la moneda polaca)? Bueno, la verdad es que ya era hora de enfrentarse a la realidad y fue gracioso ver como el personal hacía la cuenta de cabeza, para que luego digan que las azafatas de vuelo son sólo imagen.
Ya en el aeropuerto de Varsovia y tras pequeños problemas de coordinación, es lo que tiene que hayan dos terminales que uno llega a la T2 y le esperan en la T1 o viceversa, logramos encontrar a Bárbara, una alumna de la Universidad de Varsovia que voluntariamente tendría que soportar mil y una preguntas a lo largo de la tarde y noche de ayer.
Fuimos hasta la residencia en taxi por unos 35 Zloty, unos 10 euros al cambio, la verdad es que fue bastante económico teniendo en cuenta que incluía un plus por llenarle el taxi de enormes maletas y el suplemento del trayecto desde el aeropuerto. Nos pudimos instalar y adecuar nuestra ropa a la nueva temperatura antes de salir a conocer un poco por encima la ciudad que nos acogía.
En la calle Nowy Swat, donde posan Joaquín y Bárbara alegremente (y cansadamente, aunque no lo parezca), es donde se encuentra mi facultad, de Periodismo y Política Social, en un antiguo edificio, al final y en la parte izquierda de la imagen. A escasos metros y algo más alejado en la parte derecha de la misma calle se sitúa el edificio principal de la Universidad de Varsovia.
El recorrido por la ciudad moderna y posteriormente por el casco viejo concluyó en la plaza del Mercado donde se encuentra la estatua de la Sirena de Varsovia, según la leyenda es ella quien le da nombre a la ciudad.
Hoy el día ha sido duro, tocaba comprar cosas necesarias para la vida diaria, pagar la residencia, lograr que funcionara la conexión a Internet en la habitación, de nuevo pasar frío, etc. Lo que se dice aburrirnos, no nos hemos aburrido. Todavía queda mucho día por delante, esta noche descubriremos más cosas de Varsovia, volveremos a coger esos autobuses prehistóricos pero eficientes, volveremos a darle las gracias a Bárbara, mil y una veces (por cada pregunta que le hicimos), y quizás descubramos ya un poco sobre la vida nocturna en este país del Este pero a la vez de Centroeuropa.
Ya en el avión empezaron mis temores al tener el primer contacto con la nueva moneda, ¿por qué pago en Euros y me devuelven en Zloty (la moneda polaca)? Bueno, la verdad es que ya era hora de enfrentarse a la realidad y fue gracioso ver como el personal hacía la cuenta de cabeza, para que luego digan que las azafatas de vuelo son sólo imagen.
Ya en el aeropuerto de Varsovia y tras pequeños problemas de coordinación, es lo que tiene que hayan dos terminales que uno llega a la T2 y le esperan en la T1 o viceversa, logramos encontrar a Bárbara, una alumna de la Universidad de Varsovia que voluntariamente tendría que soportar mil y una preguntas a lo largo de la tarde y noche de ayer.
Fuimos hasta la residencia en taxi por unos 35 Zloty, unos 10 euros al cambio, la verdad es que fue bastante económico teniendo en cuenta que incluía un plus por llenarle el taxi de enormes maletas y el suplemento del trayecto desde el aeropuerto. Nos pudimos instalar y adecuar nuestra ropa a la nueva temperatura antes de salir a conocer un poco por encima la ciudad que nos acogía.
En la calle Nowy Swat, donde posan Joaquín y Bárbara alegremente (y cansadamente, aunque no lo parezca), es donde se encuentra mi facultad, de Periodismo y Política Social, en un antiguo edificio, al final y en la parte izquierda de la imagen. A escasos metros y algo más alejado en la parte derecha de la misma calle se sitúa el edificio principal de la Universidad de Varsovia.
El recorrido por la ciudad moderna y posteriormente por el casco viejo concluyó en la plaza del Mercado donde se encuentra la estatua de la Sirena de Varsovia, según la leyenda es ella quien le da nombre a la ciudad.
Hoy el día ha sido duro, tocaba comprar cosas necesarias para la vida diaria, pagar la residencia, lograr que funcionara la conexión a Internet en la habitación, de nuevo pasar frío, etc. Lo que se dice aburrirnos, no nos hemos aburrido. Todavía queda mucho día por delante, esta noche descubriremos más cosas de Varsovia, volveremos a coger esos autobuses prehistóricos pero eficientes, volveremos a darle las gracias a Bárbara, mil y una veces (por cada pregunta que le hicimos), y quizás descubramos ya un poco sobre la vida nocturna en este país del Este pero a la vez de Centroeuropa.
